O 25 N nas aulas dun centro español en Marrocos

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O profesorado dos centros españois en Marrocos procura transmitir ao alumnado, como un dos nosos sinais de identidade, a loita pola igualdade de homes e mulleres na sociedade actual.
Datas significativas como é o 25 de novembro, día contra a violencia de xénero, son motivo de realización de actividades que inviten á reflexión e, polo tanto, inviten tamén a mudar situacións.
Dentro das actividades que se levaron a cabo este pasado 25 N, nun destes centros, o Instituto Español Melchor de Jovellanos de Alhucemas, salientamos un concurso de carteis e de microrrelatos, no que algúns dos traballos premiados pensamos que deben ser difundidos fora das súas fronteiras, pola calidade e seriedade que amosan.
Aí vai a mostra, dous microrrelatos e un cartaz feitos por alumnas marroquíes de Bacharelato.

Dibujo Najoua.jpg

Debuxo de Najoua

Relato de Sara

“Él me gustaba…”

Él me gustaba mucho, aunque no estaba muy segura de que fuera mi tipo. La verdad era que nunca me había gustado caer en limitaciones, así que asocié esa inseguridad a un típico prejuicio y seguí enamorándome de él.

Algunas veces, me decía cosas que no me gustaban, como que mi vestido favorito enseñaba mucha piel, que debía de bajar de peso o que teñirme el pelo de rojo me quedaría bien (¡él sabía que odiaba ese color!). Aunque me pareciera desagradable, no le hacía mucho caso. Me decía que era normal. Me decía que era yo quien era demasiado sensible. Siempre me había afectado cualquier comentario que se saliera de mi camino…

Un día, sentada en el sofá de su casa, solté una risa mientras chateaba con alguien por el móvil. — ¿Con quién hablas? —soltó mirándome, más severamente de lo que me habría gustado.

—Con un amigo… —murmuré, restándole importancia.

— ¿¡Amigo!? — Inmediatamente, se levantó y me miró a los ojos, desde arriba. Yo tenía el móvil entre las manos. Me tendió la mano.   — Déjame ver.

En mi cabeza pasaron de repente todas las conferencias del instituto, la publicidad en la televisión y las entrevistas a especialistas relacionadas con la violencia de género. Durante los últimos años se había añadido a esa lista de «síntomas de violencia de género» el «enséñame el móvil». Las veces que había pensado que nunca dejaría a nadie que se entrometiera en mi privacidad, que nunca estaría con alguien tan posesivo…

Pero mientras me decidía, casi sin darme cuenta, él ya tenía el móvil delante de su cara.

Después de unos segundos expectantes en los que yo seguía confusa con lo que acababa de pasar en mí mente, dijo, como una conclusión:

— No quiero que le vuelvas a hablar a este tío. — Ahora que lo pienso, me sorprende que me haya soltado esa orden con una voz tan dulce. Él sabía que le haría caso. Sabía que no volvería a hablar con mi mejor amigo si aquello garantizara que no hubiese altibajos en nuestra relación.

Corté toda comunicación con mi mejor amigo, sin avisar. Él se preocupó. Llamó a casa, y no respondía. Venía a casa, y le pedía a mi madre que dijese que no estaba allí, intentaba reunirse conmigo a la salida del instituto, pero yo era más prudente y esperaba a que desapareciera antes de volver  a casa.

Pasaron meses y seguía con mi novio. Se acordó de mi cumple y me presentó a su familia. Me sentía feliz por eso, Sentía que me amaba. Y yo lo amaba a él. Soñábamos con nuestra boda, el nombre de nuestra hija (él quería una hija) y una casa grande. Todo era tan bonito… pero yo no lo quería así. Nunca lo quise así. Y el hecho de que le dijera sí a todo me desconcertaba sobremanera, pero lo relegaba todo al fondo de mi mente y me dejaba embargar la felicidad del momento.

Hasta que un día, mientras ordenaba un poco mi habitación bajo orden de mi padre, encontré, dispersas, hojas, cuadernos y fotos de antes de que me pidiera salir. Con sorpresa, me sentí profundamente nostálgica. Vi sitios que solía visitar antes de que me recomendara no ir, vi numerosas caras que había dejado de ver por falta de tiempo (o eso creía), y entre todo ese desorden de palabras, ojos y sonrisas, vi la cara de mi mejor amigo. Él, que tantas veces me había soportado después de que cometiese algún error. Que tantas veces me había ayudado a seguir adelante. Que tantas palabras de ánimo me había dedicado en mis horas oscuras. Con el que tantas veces había reído, con mucha más fuerza y sinceridad que cómo lo hacía con él. Con mi novio.

Me sorprendió que empezara a llorar. Silenciosamente. Gordas lágrimas saladas se deslizaban por mis mejillas, dejando un rastro de calidez.

Me había levantado para recobrarme un poco cuando sentí una presencia justo detrás de mí.

Era mi novio.

Cuando lo miré a la cara vi en sus ojos los signos de una borrachera… aquella borrachera que lo volvía tan agresivo…

— ¿Dónde estabas? —Exclamó, y sus palabras me hicieron sentir como una niña pequeña ante las amenazas de castigo de una maestra de primaria —.Te he llamado cincuenta mil veces y me has estado ignorando…

— Lo siento, estaba…

— ¿Por qué estás llorando? —gritó de repente. Luego miró lo que tenía detrás de mí, y antes de que intentase cualquier ademán de escondérselo, lo entendió todo. — Así que os seguís viendo…

— ¡No es eso! —reproché.

— ¡Sí lo es!—dijo con más fuerza.

— ¡No! —repliqué. Podía parecer banal, pero nunca antes me habría atrevido a contradecirle más de una vez, sobretodo en una situación como esa, sobretodo en su estado de borrachera.

Me miró con un odio indescriptible que me pareció un latigazo, y antes de que me diera cuenta, otro «latigazo» había ido a parar en mi mejilla izquierda mientras él exclamaba un « ¡QUE SÍ, JODER!» con aún más vehemencia. Caí inconsciente.

Relato de Kamar

“No”.

Cómpratelo en rosa, te queda mejor. No juegues con los juguetes de tu hermano, tú tienes tus propios juguetes. Mira, la muñeca qué guapa se ve cuidando a sus bebés. No te vistas así, pareces un machorro.

Deja de juntarte con tantos chicos, la gente va a empezar a hablar. ¿A Judo? ¿No sería mejor que te apuntases a ballet? ¡Con lo guapa que estarías de rosa y con esos peinados tan femeninos! No llegues tarde a casa. No hables con gente que no sea tu familia. Qué vergüenza. No salgas así a la calle. ¿Tienes novio ya? ¿Aún no tienes novio?

Estás siempre con chicos. Te van a empezar a mirar mal por la calle. Te maquillas mucho para salir. ¡Tápate un poco! ¡Deja de provocar a los chicos! Luego te quejarás… No vuelvas sola. Dime con quién vas a salir hoy. ¿A dónde vas? ¿Por qué vas? En casa estarías mejor.

¿Qué te pasa? ¿De verdad lo ha podido hacer? Seguramente ha sido por tu ropa provocativa. Todo lo haces para provocar, ¡mira lo que te ha hecho! ¡Qué vergüenza! ¿Qué dirán los vecinos? Serás el hazmerreír del barrio. Cállate. No se lo digas a nadie. Es tu culpa.

¿Embarazada? ¿El padre es el que te forzó? ¿Quieres abortar? Mala persona, no tienes corazón. Vas a tenerlo, y vas a casarte con él. No me vas a humillar a mí por esa actitud liberal. Te lo decía. Tú tienes la culpa.

Cada vez estás más dejada. Arréglate más para él. Cuídale, él te quiere a pesar de todo. Le pones muy nervioso y él lo único que quiere es protegerte. No quiere que te hagan daño. Cuídate solo para él. Eres suya. Te quiere.

No seas tan quejica, se le ha ido la mano… Tú pones nervioso a cualquiera. Cuida del bebé, él tiene otras cosas que hacer. Hazle feliz, no le amargues de la forma en la que tú estás amargada. No hables con nadie más que no sea él. Sal solo con él. No le gusta esa ropa, no te la vistas. Te va a dejar de querer y vas a acabar sola.

¿Lo ha vuelto a hacer? ¡Nunca aprenderás! Nunca le complaces. Deja de llorar, ya eres adulta. Cuando él hable, tú cállate. Si no fuera por él, tú ahora mismo estarías sola y abandonada. El te quiere, y por eso está contigo. Sin él no vales nada. Sin él no eres nada.

Eres una mala madre; mira tu hijo. Eres una mala esposa; mira tu marido. Todo el barrio está hablando de vosotros. Vuestros gritos se escuchan en todas partes. Deja de llevarle la contraria; él siempre tiene razón. Es un hombre, él sabrá lo que hace.

Déjale beber un poco más… Necesita ahogar sus penas. Eres una histérica, deja de agobiarle tanto.

¿Te ha vuelto a pegar? Algo habrás hecho… Mírate.

¿Has acabado en urgencias? Cada vez le pones más nervioso, no sabes llevar vuestra relación. Es tu culpa.

¿Te ha amenazado? Es el alcohol, que le pone más agresivo.

Aparece muerta.

Una víctima más de la violencia física y psicológica que sufren miles de mujeres, inducida, muchas veces, por personas muy cercanas que normalizan esa situación.

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